Consejos antes de practicar yoga

Consejos antes de practicar yoga

En la «guía para la práctica» de Yoga a la carta señalamos algunos aspectos que conviene tener en cuenta antes de comenzar la práctica. Aunque cualquiera puede intentar un ásana, estas son más beneficiosas y eficaces si se llevan a cabo de la forma adecuada y con la preparación correcta.

Apuntes generales:

Para que la práctica resulte placentera, estimulante y provechosa, es importante que excluyamos el ánimo de competición y el miedo a la frustración: no se trata de hacerlo mejor que nadie, tampoco de hacerlo a la perfección, sino de ir desarrollando la observación y la escucha interna a la par que vamos mejorando poco a poco nuestra condición física.

Las claves son la lentitud de movimientos al hacer y deshacer el ásana; la fase estática o de mantenimiento; la respiración lenta, consciente y dirigida, y la atención mental en estado de alerta y receptiva a lo que está sucediendo.

Conectamos con la intención del momento: dedicar tiempo de calidad para desarrollar la consciencia. Este es el tiempo que dedicamos a nuestro cuidado; nuestro gran momento del día de recogimiento y crecimiento personal

La actitud es clave; debemos decidir que estamos haciendo algo muy importante y es esencial que la mente esté ahí, calmada y atenta, en el momento que estamos viviendo.

Preparación de la sesión

Superficie – Emplear algún material que aísle el cuerpo del suelo pero no tan mullido que no ofrezca apoyo consistente a la columna vertebral.

Ropa – Mejor prendas holgadas, ligeras y cómodas. Desprenderse de gafas, relojes, alhajas, etc.

Ducha – Una ducha fría antes de empezar aumenta mucho el efecto de las ásanas. Durante los 30 minutos que siguen a la práctica, abstenerse tomar duchas muy frías o muy calientes, así como de practicar deportes muy energéticos; queremos evitar cambios bruscos en la temperatura corporal, lo que neutralizaría beneficios de las ásanas.

Intestinos – Lo ideal es que la vejiga e intestinos estén vacíos antes de una sesión de ásanas; es conveniente, pues, acostumbrar al cuerpo a deponer antes de la práctica.

Contraindicaciones – Las ásanas llevan al cuerpo a lugares donde no suele encontrarse. Por ello, en caso de que nos afecte cualquier enfermedad, dolencia o irregularidad, debemos proceder con cuidado y consultar a alguien competente antes de realizar las ásanas.

Lo ideal es hacer con supervisión el primer intento de cualquier ásana; y siempre escuchar a nuestro cuerpo.

Embarazo y menstruación – Es conveniente consultar la conveniencia de según qué ásanas según la fase de embarazo o menstruación.

Invertidas – No practicar las ásanas de este grupo con gases o fermentación en los intestinos o con infecciones en la sangre, para evitar el flujo de toxinas al cerebro.

Relajación – Comenzamos y terminamos la sesión relajándonos. También nos relajamos entre ásanas cuando sea necesario (esto es, al menos para recuperar la respiración normal). Interesa mantener las facciones distendidas; la boca cerrada pero sin apretar los labios ni tensar la mandíbula. Deja la lengua suelta, apoyada en la base de los incisivos. Para lograr una mayor inmersión es preferible cerrar los ojos siempre que podamos. Claro que al principio puede ser conveniente abrir los ojos para asegurarnos de hacer la pose convenientemente.

Respiración – Es importante ser conscientes de la respiración: de la natural en general y de la específica a cada ásana en particular. Respira siempre por la nariz a menos que se indique otra cosa.

Atención – Cada carta nos indica dónde fijar la atención en el ámbito físico y mental. Esto es fundamental para beneficiarnos plenamente del ásana. En apariencia, las ásanas pueden parecer relevantes solo en lo físico. El objetivo de la práctica es influenciar, armonizar e integrar todos los planos del ser, incluyendo el físico, mental, emocional, psíquico y espiritual. Para ello, han de combinarse con la atención: así llegamos a ser más conscientes de la sutil relación entre los aspectos físicos y mentales del ser.

Esfuérzate sin forzar – En caso de sentir dolor, molestias, etc., debemos relajar de inmediato la postura o deshacerla si persisten. Esto no quiere decir que no debamos esforzarnos siempre un poco más por ampliar nuestra movilidad, pero ha de hacerse con criterio. Las personas principiantes notarán cómo en pocas semanas de práctica regular, los músculos se vuelven más flexibles.

Al principio adoptamos las posturas pero no las retenemos. El cuerpo poco a poco se familiariza con esa nueva posición y la mente se relaja. Poco a poco, retenemos las posturas más tiempo, respirando con naturalidad.

Contraposturas – este concepto de contrapostura es necesario para recuperar el equilibrio corporal. Todos las ásanas cuya pose sea asimétrica, deben realizarse de forma alterna con los lados izquierdo y derecho para mantener el equilibrio del cuerpo.

En particular con las ásanas del grupo medio y avanzado es importante diseñar la serie de forma que las flexiones hacia delante vayan seguidas (antes o después) de flexiones hacia atrás y viceversa. En algunos casos, no obstante, en que se ejecute un ásana con fines terapéuticos, la contrapostura puede no ser necesaria.

Momento de la práctica – El momento más propicio es las dos horas antes del amanecer. También son favorables las dos horas en torno a la puesta de sol. Aunque cualquier momento es bueno, siempre con el estómago vacío (unas tres horas después de una comida). Intenta reservarte siempre la misma hora para practicar.

Ten preparada de antemano la serie que quieres llevar a cabo.

Lugar para la práctica – Una habitación bien ventilada, apacible y silenciosa. Sin objetos cerca sobre los que podamos caer. O bien en el exterior, en un entorno lo más bello y agradable posible. No practicar bajo viento fuerte, ni con aire poluto, sucio o mal oliente.

Además, practicar siempre en el mismo lugar tiene obvias ventajas logísticas (instalación rápida), y psicológicas (reflejo condicionado).

Duración de la práctica – Aunque dispongas de poco tiempo, concédete al menos la posibilidad de realizar algunas ásanas. Continúa luego con más si lo deseas. La práctica demuestra que este suele ser el caso. Lo que más nos cuesta es romper con la dinámica previa: una empecemos, crecerá la sensación de bienestar y tendremos ganas de proseguir.

Dedica entre 5 y 10 minutos al calentamiento. Una rutina sencilla es empezar haciendo movimientos de cuello, de hombros, de brazos, de manos, de cadera, de rodillas y, finalmente, de tobillos.

El número de ásanas no es importante, lo es cómo las hacemos: despacio, permitiendo que la conciencia y la concentración nos permitan entender el movimiento.

Además, para beneficiarnos plenamente de la práctica, dedicaremos unos diez minutos a la relajación física y mental después de la sesión.

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